
La revolución social toma el marketing
La radio tardó cerca de 40 años en llegar a los 50 millones de usuarios. Para obtener la misma cifra la televisión tomó 13 años, mientras que Internet la alcanzó a los 4 años de existencia. Facebook sumó 100 millones de usuarios en menos de un año. Las cifras no hacen más que confirmar que ha llegado la revolución social. Esta nueva tendencia revela la importancia de contar con un profesional que además de conocer los nuevos soportes, en el caso de la salud, la cosmética y el bienestar debe dominar los temas para llevar a cabo una comunicación efectiva.
El prestigio y la notoriedad se esconden hoy en día en la red de redes. La reputación online entra pisando fuerte y resulta imprescindible para cualquier marca. Los periodistas de renombre se renuevan con blogs, los políticos se acercan a sus militantes a través de Twitter y Facebook se ha convertido en el la culminación del proceso de atención al cliente de las marcas. Las nuevas plataformas online ganan terreno ofreciendo a los usuarios lugares de intercambio de opiniones en tiempo real. Esta premisa se aplica también al sector de la belleza, pese a que los principales clientes de las firmas de cosmética profesional son los centros de belleza, el consumidor final se encuentra en las redes sociales.
Las cifras son un ejemplo de la importancia que están tomando estas plataformas. Las marcas se afanan por implantar, mejorar y pulir su reputación online. Los diarios de hoy llenarán las basuras de mañana mientras que los comentarios que se hagan en Internet sobre nuestras marcas permanecerán en la red por un tiempo indefinido. Tanto si es a través de un blog corporativo como si tan sólo se escuchan las conversaciones sobre la marca, la presencia online resulta indispensable para enriquecerse de lo que comentan los usuarios.
Los principales detractores de la comunicación online se basan en la idea de que, como Internet no tiene límites ni barreras, contener una crisis resulta más difícil. Pero lo que ignoran es que, el hecho de no tener una buena presencia online, no evita que las comunidades hablen de la marca. Se ha perdido el control sobre lo que se edita sobre las marcas y esto ha llevado a la era de la transparencia. Las empresas han pasado de esconder sus errores a redirigirlos para que el resultado sea positivo.
Recientemente Loewe lanzó una campaña publicitaria que se propagó por las redes sociales como la pólvora. Este nuevo anuncio arrancó más bien críticas negativas pero esto no impidió que la marca estuviera en boca de todos durante semanas. ¿Fue un éxito o un fracaso? La realidad es que actualmente la pregunta ya no es si es necesario entrar en redes sociales. La cuestión ha pasado a ser cómo lo hacemos.




